jueves, 1 de enero de 2009

letra para una canción

Absurdo

Y tras las puertas
que has cerrado para mí
se esconde el día que vendrá una vez más

Bajo la alfombra de piel
venas sedientas esperan
ese milagro que traerá tu unico Dios

Era el amor, suficiente para un sueño
dulce regalo que vendría con la vida
una visión, todo era lúcido entonces.
me hice hermano de tu única misión.

Y este dolor, es una rabia, es una herida, es un temor
que sabe dónde estoy yo, que habla conmigo
y esta prisión
es una mancha, es una sangre, es un rumor,
nunca te pude ver bien, nunca tu fuiste un amigo

corazón absurdo, todavía hay más de dónde vino este dolor.

Letra para una canción

Días del 2005

La vida que teníamos para vivir
ya la vivimos
sólo queda esperar, sólo queda sentarse a mirar
este olvido

La vida que teníamos para vivir
nos llego tarde
las semanas sin ver, las semanas que viví de esperar
sin hablarte

y se fue la vida
tras un rayo de sol, era un rayo de sol
nos dejó en un día
sin querer ocultarnos la verdad

en las calles, los libros, en los niños que van a la escuela
días del 2005, no nos esperan, no nos esperan

Brindemos por los que vienen atras
la nueva gente
los que van sin perder, los que viven su vida mejor
los que entienden

En las calles, los libros, en los niños que van a la escuela
días del 2005, no nos esperan, no nos esperan

Lula

Lula y yo éramos de esa clase molesta de lectores que se jactan de haber leído todos los libros del mundo, o lo que era igual para los profesores mediocres de nuestro colegio, haberlos oído mencionar y fingir haberlos leído.
Levantábamos la mano para corregir a los profesores que no sabían nada, y eso no era porque fuéramos jactanciosos, si no que pensábamos que para que alguien hiciera el papel de profesor de literatura se tenía que esforzar para hacernos creer que sabía más que los libros de texto que seguían.
Confieso que también en ocasiones lo hacíamos de puro aburrimiento o porque le teníamos rencor a algún maestro.

Lula había leído más que yo, pero era imposible que Lula leyera algo en aquellos días, tan metida en las drogas que estaba que apenas sacaba la cabeza para desayunar o para no dejarse tocar por mí.

Comenzaba temprano y en orden ascendente con los vicios. Comenzaba a fumarse mis cigarrillos y llegaba a tomarse las gotas de mi abuela. Nunca se intoxicaba, nunca perdía la conciencia, parecía que su cuerpo y su mente eran motores alimentados por las capsulas, los humos y los polvos.
Lula no funcionaba, no podía hablar, estudiar o comer si no había una mezcla de cosas produciendo peligrosas reacciones adentro de sus venas.

Yo pasaba las horas con ella dejándole muy en claro mis intenciones. Llevaba revistas pornográficas y se las mostraba, y ella en lugar de espantarse o decirme cochino como las otras chicas, se quedaba mirándolas con atención como si se tratara de un libro de ciencia o un ejercicio matemático que debía comprender para un examen.
Miraba las páginas una por una, como si cada posición y cada mirada de los modelos revelaran un secreto del universo. Un día me dijo que pensaba que, tal vez, todo aquello fuera un mensaje cifrado y que cada posición correspondiera a una letra del alfabeto. Pero en el fondo no le interesaba lo que pudiera decirnos alguien que se comunica con los lectores de una revista pornográfica y por eso nunca se esforzaría en develar el código.
Pero había una imagen en especial a la que se quedaba mirando por más tiempo y con más atención. En ella un hombre musculoso sentado sobre la cama penetraba a una mujer de cuerpo perfecto que estaba sentada de espaldas sobre las piernas del hombre. Mientras tanto, y como si no fuera suficiente el gigantesco miembro del hombre entre su cuerpo, ella le hacia un gesto sugestivo con su lengua al camarógrafo o a quien mirara la foto, invitándole a integrarse a la orgía.

Una tarde mientras veíamos una película sobre Stalin me pidió prestada la revista y me dijo señalándome la foto y como si fuera un comandante que le da una orden a un subalterno: camarada el día de tu cumpleaños quiero que me hagas esto.
Faltaban tres meses para mi cumpleaños y en ese tiempo no hice mas que sufrir y fantasear con el cuerpo de Lulita, hasta el momento mi mas largo contacto con el cuerpo de una mujer había sido tocarle los senos a mi hermana mientras ésta dormía o hacía que dormía, nunca lo supe… y claro está, con las mujeres de las revistas, pero era otra clase de contacto, más mágico, podría decir.

Sufrí intensamente esos tres meses y hacia todo lo posible para acortar el plazo, a lo que Lula respondía con una palmadita en la mano que le tocaba un seno o que acariciaba su pubis por encima del pantalón.
La tocaba cada vez que ella se descuidaba, trataba de besarla cuando bailábamos una canción de Pearl Jam que en ese entonces sonaba mucho en la radio y que nos gustaba mucho. También cuando poníamos el casete en el que habíamos grabado el Unplugged de Nirvana

Cuando ella estaba sobre mi cama dormida a mi lado estiraba mi mano sobre su pecho y ella de un tirón, como si quisiera arrancármela se la quitaba de encima.
Un día con este propósito le conseguí heroína. Yo mismo la calenté y se la metí en el brazo cerca de una mordida de perro que ella tenía junto a la venita.
Le pregunté que si quería que le inyectara más y me dijo que sí, y luego sin preguntarle iba calentando y inyectando hasta que se acabó lo que había en la bolsita. Después me enteré de que una persona normal se hubiera podido morir de esta manera. Pero lula no era una persona normal, y eso sí yo lo sabía desde hace mucho tiempo.
Creo que si las drogas vinieran con un manual de cómo usarlas Lula nunca lo hubiera seguido. El caso es que aquel día comencé a tocarla, muy lento al principio, muy solapadamente, apenas la rosaba .Mientras ella continuaba tendida e inmóvil mirando las estrellas fosforescentes del techo de mi cuarto, yo comencé a hacerme constante en las caricias hasta haberme apoderado totalmente de uno de sus senos. Mire su rostro y ella había cerrado los ojos. Estuve un rato así, acariciándola hasta que decidí llevar mi mano libre hasta abajo, por dentro de su pantalón y de sus bragas. Palpe el pubis, sentí como me herían los dedos sus vellos rasurados, con un poco de dificulta logré alcanzar el comienzo de los labios, el jardín donde el sendero se bifurca, el jardín infinitamente suave. Entonces ella despertó del letargo y me retiro la mano que estaba dentro de su pantalón y me dijo con una voz perdida
-Espere hasta octubre, no joda.
Y se quedo dormida con el seño fruncido y con mi mano izquierda todavía apoderada de uno de sus pechos. En aquel momento decidí no volver a tocar y esperar hasta mi cumpleaños

El día al que me referí fue en septiembre, al que me refiero ahora fue en octubre, dos semanas antes de mi cumpleaños. Aquel día no teníamos ni un solo peso y lo peor para Lula no teníamos ni un cigarrillo ni una ruedita.
Ese día llamamos a todos los amigos que todavía nos hablaban a preguntarles si tenían algo: nadie tenía o nadie quería ofrecernos nada porque sabían que Lulita se lo acabaría todo, hasta la última ramita si le ofrecían hierba. Si era coca cogía los papeles y se quedaba un rato estrujándolos hasta sacarles el ultimo residuo de polvo y luego se lamía la bolsa para dejarla totalmente esterilizada.
Ese día nadie nos dio nada, aunque en realidad desde hacia unos meses que nadie nos daba nada o sólo me ofrecían a mí con la advertencia de que Lula no se diera cuenta.
Lula sintió una tristeza enorme y se sentó en el suelo a llorar, daban ganas de llorar con ella. Luego me pidió que le diera aspirinas pues tenia un dolor de cabeza fortísimo. Se las entregué saco dos, las miró con asco y se las tragó pasándolas con agua. Al rato sus ojos se pusieron blancos y cayó al suelo. Creo que en el momento que me acerque a ayudarla ya estada muerta o al menos eso pienso para no sentirme culpable por no haberla llevado a ningún hospital.

Le dije: ya estas muerta, Sobredosis de aspirina, quién lo iba a pensar de vos Lulita. Como te voy a extrañar cuando no tenga nada que hacer o no quiera hacer nada.
Después pensé que había que aprovechar mientras todavía estuviera tibia. Lo más difícil fue quitarle los pantalones, todo sucedió después como lo había soñado.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Soy adicto a los renacimientos, es por eso que tantas veces he preferido morir.

Yira violada

1
Yira ha llegado a pensar que la vida es una especie de música, y que sólo hace falta una nota en falso para hacer sonar el acorde de la desgracia.
Tal vez su error fue no haber esperado la bendición de su padre. Él se quedó sentado, en silencio, mirando hacia un punto muy lejano detrás de las montañas. Ella no tuvo paciencia para esperar un adiós o una disculpa.
2
Un domingo llegó a López, la vieron en misa y todos los hombres hablaron de ella.
José la conocía desde que él era un niño. Sabía que a ella le gustaba bañarse desnuda en el río, a la misma hora en la que salen del colegio los chicos que espían ocultos.

Los domingos todos los jóvenes sin confesarse comulgan. Rodeados de imágenes sagradas y escuchando las lecturas sobre el amor y la pureza, no pueden evitar pensar que tal vez sea muy malo tener el cuerpo de Cristo sobre las manos pecadoras. Piensan que, tal vez, sea peor lo que hace ella. Haciéndoles creer que es inocente y que no sabe nada de la violencia con la que el semen salta tratando de alcanzarla.
3
En el pueblo corrió el rumor de que había sido violada. Yira no vuelve a bañarse en el rio, ninguna joven lo hace.
En su ausencia su imagen es reemplazada fácilmente.
Ya las caras y los cuerpos se combinan en la memoria y las manos simulan otros sexos en sumisión perfecta. Nadie conoce ya la identidad de su deseo.
4

Y el pueblo está lleno de semen, las alcantarillas están a punto de explotar. Nadie piensa que algún día, de la tierra brotará un rio blanco que inundará todo.
La única persona que sabe esto es Yira.

Ella Visita las casas de los muchachos cuando los padres están ausentes y les pide que lo hagan, como lo hacían antes. Ella se desnuda y los chicos tratan de tocarla, pero ella los aleja. Y el joven humillado deja salir toda su vergüenza en dirección al cuerpo que desea.
5
Ella sabe quién la miraba bañarse en el rio, los conoce a todos pues los miraba a los ojos cuando volvían a sus asientos con la ostia aún pegada al paladar.
6
Esa tarde Yira y José estuvieron Hablando de sus infancias, cuando vivían junto al mar y no tenían miedo a desnudarse, y se tocaban sin sentir ardor, pues sólo sentían la belleza bajo los dedos.
A José se le empieza a notar, por debajo de la, ropa el sexo sediento. Ella lo roza por encima de la tela y le pide que se toque. Ella se desnuda junto a un río que corre en el televisor, el único testigo de la escena.
José trata de traerla hacia sí para besarla pero Yira le da la orden de quedarse quieto y continuar.
Y José obedece, pues cree que por su obediencia será recompensada.
Y sonríe hasta que nota el brillo de la hoja del cuchillo oculto entre el pelo de Yira.
La imagen de un hombre con el cuello abierto lo hace detenerse y mirar a los ojos de la mujer desnuda.
-Ya sé cuál es tu secreto Yira, yo sé a quién buscas, pero estas perdiendo el tiempo aquí porque yo no soy-
Yira se queda mirándolo un momento, después poniendo un dedo sobre sus labios le ordena el silencio. Coge entre sus manos la cabeza de José, lo hace arrodillar y estruja el rostro de él contra su pubis. Con su dedo meñique le indica que en ese punto exacto debe poner la punta de la lengua. Así Yira comienza a gemir y José siente que la brusquedad de la chica lo lastima. La mano libre de ella se ha deslizado hasta el sexo de él, ahora flácido, ahora excitado; y la violencia contra su rostro es anulada por la otra violencia. Ella se se queda quieta y lanza un grito, el orgasmo, piensa él.
José desde hace un rato se ha vaciado sobre uno de los pies de Yira, y su semen se filtra entre los dedos de la muchacha.
José está seguro que su placer vendrá después, al recordar esta imagen, y sólo entonces se sentirá afortunado.
José aún está arrodillado cuando Yira cierra la puerta.

Diarios diciembre 17

Desde hace 10 años que respiro dentro de una carne que no siento propiamente mía, pero tampoco extraña. Una carne compartida con otros seres que alguna vez vivieron y que habían sido olvidados con justicia. Siento adentro de mis pensamientos y de mis miedos a otras presencias que no permiten que nada de lo que tengo sea propio.
Sólo me reconozco en las presencias que invocan al olvido. Recuerdo al amigo muerto y me siento triste; recuerdo a la mujer amada, eterna presencia que se encarna en cada cuerpo que retuve a mi lado hasta dejar vacio.
Recuerdo mi niñez. La pasaba evitando todo lo que sentía dentro de mí , como si a fuerza de no mirar hacia adentro me hiciera grande.
Nada nos hace aptos para la vida y nada nos enseña a vivir, pero entonces creía que la experiencia humana podía ser compartida y me quedaba escuchando los consejos que venían del abismo a través de voces humanas.

Fue así Hasta que empecé a escuchar las voces contradictorias que había dentro de mí.
Después, mucho después, las voces me dijeron que cayera, que la materia descompuesta serviría de abono y me llenaría de energía, entonces volaría cada vez que quisiera, que sólo necesitaba saber descender y saber hasta qué punto poder hacerlo. Me aseguraron que sabrían decirme que fango debería tocar y en qué fetidez reconocería la señal para volver al vuelo.
Pero las voces dentro de mí me condenaron, mintieron, se burlaron de mí, mucho más de lo que podía soportar la burla, me mostraron que cada vez cometía un error más grande. Entonces decidí hundirlos a todos y hundirme, meter la nariz en el fango más oscuro y ahogarme, llevar mi boca hasta las podridas raíces y comer hasta ya no ser capaz de levantar mi propio peso.

Diarios. Diciembre 15 del 2008

Tu fuego me atraviesa
y me deja blanco, expuesto al sol
como si fuera el esqueleto de un pez
al que un mar inmenso, fértil y cruel
hubiera lavado de su carne,

Me ahogo en ti y no necesito respirar
me lleno de ti y me condeno.

Quiero ser el paisaje que ilumina tu luz
y que vagues libre, suave, en mí.

Quiero ser todos los caminos que esperas recorrer
en nuestro viaje de espectros.