jueves, 3 de septiembre de 2009

Nos tocábamos el alma

Cuando finalmente aceptaste el fracaso dijiste que jamás volverías a sentir aquellas cosas.
Nos tocamos el alma, me gritaste, y yo avergonzado me entregué a una espacie de luto por el descubrimiento de que el mundo que eras tú para siempre moría, un luto que emanaba de la razón, oculta hasta hace poco, por la cual te habías quedado conmigo a pesar de mis múltiples faltas y mi reciente falta de pasión.

Sólo en ese instante comprendí que en mí tú habías visto un signo y lo seguías ciegamente, aunque te llevara a un territorio inconstante, oscuro, hostil y sucio.
Te llevaba hacia mi verdadero ser.

Perseguías entonces la felicidad, la buscaste en mí, pero yo no buscaba nada en aquel tiempo, estaba decidido a perderlo todo.
Sólo tú querías conservarme intacto, yo era el único vestigio de que la felicidad y el amor que existían también para ti.

Sentí tristeza cuando te vi de nuevo, andabas ya libre de mi sombra y de mi falta de realismo. Ya no eras aquella mujer en la que confiaba. Andabas buscando otras cosas para pensar y querer, otros territorios distintos al amor y al cuerpo. Entendí que nos habíamos tocado el alma de verdad, que tú sentiste la tuya al tocarme, y que yo al sentir la mía sentí un gran vació, y creí que eras tú lo que ya no me llenaba.

Huí de ti porque no me había saciado ni al beber tantas veces de aquellos momentos felices a tu lado. Buscaba una vida y enceguecido no logre verte, aún hoy la busco fuera de ti sin los momentos de duda y credulidad que me hacen falta.

Ayer escuchaba una canción tonta que te vi bailar borracha sobre la cama de un hotel mientras a tu lado una pantalla de televisión mostraba a sus desaliñados cantantes.
La recuerdo porque nunca recordaste haber danzado aquella canción, ni supiste que canción era.
Yo recuerdo su letra tonta: “Si hay un cielo para mí y hay un cielo para vos, nos tenemos que encontrar seguro que mañana es hoy otra vez”
Hoy quiero darle un significado. El paraíso no se comparte, cada uno de nosotros vivió en un paraíso distinto, y tu cielo fue ese instante en el que viste un signo que anulaba toda verdad contundente que hablara de mí.

Ayer quise que una nueva mujer escuchara la canción y comprendí que todo se encuentra sólo una vez, y que toda similitud es injusta y grosera.
Insultamos a la memoria al querer descubrir los mecanismos de sus profundas felicidades.
Nos tocamos el alma, talvez entonces todavía tenía una, la que huyó espantada al sentirse en ti.

domingo, 7 de junio de 2009

Conversación con la Bruja mala del este

-Antes tu distancia sólo era una metáfora de la ruptura, ahora será una metáfora de la muerte.
Pienso en lo tontas que suenan mis palabras cuando trato de fastidiar a alguien.
-Nos seguiremos escribiendo si tú quieres.
-Ese es el problema.
-Tus melodramas son espontáneos e intermitentes, uno nunca sabe cuando van a salir y si en realidad son en serio.
-El teatro me interesa en estos días.
- Podríamos hacer una obra de teatro en el que dos amigos se toman un cafecito tranquilos.
La bruja mala bebe un sorbo de un café malo y caro que no sabe preparar, y que fue cultivado por los Kogi. Con disimulo, para que yo no me de cuenta, aplasta una cucarachita que sale de debajo de la alacena.
- Mejor que nos tomemos un mate, así podría sacar provecho de tu viaje. No pises cucarachas con esos zapatos, son muy caros.
- Sacarás provecho, seguramente tendré muchas historias para contarte y a ti te gustan las historias.
- Seguramente serás una leyenda por allá, incluso escribirán tangos para ti, tangos de desengaño. No creo que dures mucho con ese tipo que te va a pagar el viaje, llegas allá y lo dejas por un tipo que se apellide Panceroti, y después dejas a Panceroti por uno que se llame Confeti, y así sucesivamente.
- Exagerado.
Ella, Inconscientemente, hace un gesto de maldad afirmando que usará al pobre tipo. Confirma mi teoría, es una bruja.
- Por fortuna el hombre no tiene cara de escribir tangos, seguramente sólo ha logrado aprender a escribir su propio nombre. Por eso lo elegiste, para que no sufra y si llega a sufrir que no le sea posible expresar su sufrimiento en un lenguaje comprensible que te haga sentir culpa.
-Déjalo en paz
Ella se pone seria y eso me divierte
- Tiene la cresta de Beckham, sospechaba de tu mal gusto cuando te metiste conmigo.
- Si no te conociera diría que le tienes envidia
Ella pone una carita burlona, dan ganas de pegarle.
- Si, debe ser hermoso no tener dilemas existenciales, escoger la marca de zapatos que quiero usar y poder disfrutar de los teletubbies en mis ratos libres.
- Bobo, aprovechate de mí que me río de tus bobadas, otra te tomaría en serio y pensaría que realmente estas amargado
Ella se ríe, realmente le ha parecido muy gracioso todo lo que le he dicho. Yo no puedo contenerme más y me río también
- Jejeje, vos sos muy charro.
Su risa es un golpe al corazón, me encanta su risa. Pienso también que no hay nada peor que una venganza malograda.

martes, 2 de junio de 2009

Prólogo

He llegado hasta ti para entregarte los días y las noches que siguieron a tu ausencia, la soledad siempre merecida, nunca asumida con valentía o a travéz una decisión que la hiciera digna.
Te entrego también, si te hace falta, el desastre, la verguenza y los estallidos de odio.
Sé que nada te traerá de vuelta, y sé que si te cruzaras en mi camino, ninguna fatalidad te detendrá a mi lado.
Te entrego estas hojas porque mi vida pasada es tuya, ya no me pertenece y es inútil aferrarse a un espejo en el cual ya no me reconozco.
De pedirte te pediría un gesto de incomprensión, de extrañeza absoluta, de suposición de locura. No el beso en la mejilla, ni la lastima, ni la lágrima benefactora, ni la simpatía. No he hecho nada que me redima, nada cuyo fracaso final sea digno de un aplauso.
Sólo quiero despejarme, liberarme de mí y de tu ausencia. Que sea este cuaderno el lugar en el que me vacíe, en el que quede todo sentimiento. Y que sea el cuaderno quién te añore, quién desee tus dedos sobre las hojas y tu lectura.
Espero para él tu abrazo inicial, tu lectura indiferente y sin profundidad. No deseo para él ningún gesto que no haya tenido yo de ti.
De existir algo más que pueda traerme este abandono, una confesión inesperada, o el perdón imposible, de existir serían invenciones que sólo a ti corresponden.
Vacío seré, al final, un hombre. Me entregaré a los gustos y a las ensoñaciones adultas sin sentir simpatía por el pasado.
Toda decisión sentimental será desde ahora una negación de mi antiguo ser. Aquel ser que al tratar de caminar sobre la sucia superficie de un sentimiento adverso, se ha hundido para ti y para siempre.

viernes, 15 de mayo de 2009

Feria

Yo no soy uno de ellos, no pretendo ser otro, contengo mi pasión y mi afán de calma. Prendo un cigarrillo para disimular la espera, reviso la hora en todos los relojes, anhelando el momento en el que la presencia me alivie.
Quiero, me sacudo de tanta incredulidad. Pienso en el pasado y miro en el alma de otras personas lo que detesto de la mia.
Soy estupidamente honesto y hago pública mi obstinación de engañarme cada día y mi disposición a ser engañado con facilidad. Crédulo sigo apostando la vida en una mesa de juego que sólo me puede devolver, de vez en cuando, una gastada ficha de plástico.
Esta ciudad es una feria obscena. Todos son mercaderes de algo en este sitio. Algunos han ganado monedas horrendas y las ostentan sobre las mesas suponiendo que cualquiera envidiaría esa fortuna.
En un estante, en esta feria indigente, encuentro a alguien que ofrece retazos de dicha, sólo tendré que dispararle a un pato de hule y no será culpa de la distancia del objetivo ni de la imprecisión del rifle, todo será mi culpa, y eso de alguna manera me hará sentir libre. Venden manuales para hacer ese tipo de apuestas y me recomiendan, en todos los libros, que no me rinda al primer fracaso, que siga apostando. Probar con balas mas baratas en objetivos más cercanos.
Todo en el mundo parece requerir un entrenamiento previo y siempre habrá alguien dispuesto a ostentar su talento para señalar mi ineptitud. Hay cosas que no tiene precio, me recuerdan los mercaderes.
Que absurdo es que en este lugar los fatuos y los miserables, al no poseer lo que podríamos llamar vida, se dediquen a exagerarla, a decir que aquello que el azar les ha presentado es maravilloso, aquel pedazo de pan que no querían morder es en realidad un reconocimiento a un talento innato y a un esfuerzo de toda una vida.
“Ven, dicen, te diré lo que tienes que hacer para ser feliz: Debes darle a alguien tu sangre, nada más. Debes darle tu tiempo y darle tu atención, Tu admiración y tu respeto. Debes darle fidelidad que no será tenida en cuenta, te obsequiará alguna esperanza para que creas en ti, y la vida que no soñaste tener será tu sueño de ahora en adelante.
“La realidad, amigo mío, es una conquista cara que requiere responsabilidades”.

jueves, 14 de mayo de 2009

Tren hacia ninguna parte



Mi intención no era otra que la de atravesar espacios nunca a antes atravesados, llenar con mi sangre y mis palabras pesadumbres acostumbradas y monotonías dolorosas. Me lancé a enfrentar mi palabra, a decir sí a las consecuencias hostiles. A demostrar que estaba lleno de vida y que ésta necesitaba ser regalada, apostada y apaciguada en su camino hacia lo oscuro.
Me llené de esperanzas y metí en una maleta algunas tristezas a las que les tenía cariño.
Invoqué a la gran sombra, suponiendo que ella debería ayudarme en este momento. Y ya que no me quedaba otra cosa mejor que hacer para matar el tiempo, me dedique a tratar de recuperar el tiempo perdido.

En una sucia estación tome un metro que seguramente no me llevaría a ningún lado. Incrédulo leí las indicaciones.
El mapa era viejo y muchos de los lugares representados no existían, o sólo existía la intención de que fueran construidos algún día, y al parecer, esa sola intención era suficiente para Ella.

Mire a mi alrededor, en las bancas los demás pasajeros parecían simples imágenes que Ella proyectaba sobre las sillas y los pasamanos. Ninguno de ellos podía haber sido tan real como lo era yo en ese momento, ninguno de ellos sería tan preciso como yo, ni tendría la capacidad que yo creía tener para hacerla feliz.

Un anciano sonreía desde su asiento, lo imaginé como amante de la doncella turbia que negaba su belleza, que se hacía vieja a un ritmo acelerado porque quería ser poseída por ese hombre.
Hacia Ella iba yo con esperanza de cumplir mi promesa, de aliviarla, de decirle que era hermosa, y que todo aquel desengaño y todo el dolor podría ser lavado con un abrazo de candor puro. Y que ahora sólo debería despertar para poder recibir el primer beso de las buenas noches.
Atravesamos un túnel inmenso, uno de aquellos posibles amantes parecía un árbol seco, de su cuello colgaban carnes y un escapulario cuyas imágenes no eran santos, si no fotogramas de un viejo show de televisión.

De repente toda aquella visión empezó a reducir mis dificultades para poder ver la realidad a través del velo y de la farsa. Entonces nada era posible si aquello era real.

La amante no sería real, su vida estaría contada a retazos, exagerando la bondad de aquel hombre pasado o la devoción de aquel otro, mintiendo a través de mi silencio. Profanado el silencio, el espacio que yo deje para que contara su historia y me permitiera ver su real rostro.

El rostro me diría, una vez más, que el amor no era posible entre nosotros, que hay seres que parecen insectos venenosos o tarántulas, y necesitan serlo; que no podría llevar nada precioso a un callejón oscuro, lleno de asesinos y pretender salir de allí con algo más.
Todo empezó a tener un sentido distinto, el paisaje revelado era una caricatura de los sueños de poder, del odio del la amante hacia todo aquello que descubriera su propia simpleza y su vulgaridad, al que llevara una luz a través del oscuro corredor y la encontrara allí acurrucada, y pudiera ver su rostro, al que Ella suponía horrendo.

Jhon Dove

La muerte nos sorprendió esperando la vida.


Jhon Dove

Fue entonces cuando mire por la ventana y comprendí la inutilidad de mi espera.
El fin del mundo ya ha llegado, desde hace mucho tiempo, sin extridencias.

viernes, 8 de mayo de 2009

Noche

La ciudad nos separa.
Yo me encuentro dormido a tu lado, en mi cama y sin ti.
Yo fumo noches enteras en la que la fruición no me alumbra.
Tú y tu sexo me acechan desde lejos.

martes, 7 de abril de 2009

He de marcharme

He de marcharme.
La ciudad ha sido sitiada por el tráfico.
Descubro en tu ausencia escaleras que desciendo,
descubro en tu ausencia tu rostro olvidado.

Mis manos retienen un poco de tus manos
Y perdura en mis ojos la desnudez de un cuerpo.

¿Cómo fue que escapaste, cómo pudiste?

Ayer mientras corría
las cruces, las aduanas,
Estuve maldiciendo tu luz que descubría
tu impúdico esplendor como si fuese un fruto.

Seguí viviendo allí mientras todo fue ausencia
seguí queriendo allí mientras tu sangre era
era un Matorral, una amenaza, una limosna.
Era una verdad
no la pude detener.

Tus manos fueron las lluvias que anegaban campos.
Tu sexo era la flora que lo ocultaba todo.

viernes, 3 de abril de 2009

viernes, 27 de marzo de 2009

Ulises

Tuve el valor que buscaba al estrechar tu mano y ordené a los esclavos tender las velas negras. El barco penetró en un mar silencioso y sólido, recipiente de malos presagios.
Los cerros de tu isla, que desaparecía a lo lejos, me hicieron recordar los pechos de la diosa, pechos en los que descansé hasta la noche antes de mi huida.
Mi memoria retenía la sonrisa y los ojos brillando en lo oscuridad de su alcoba; el cabello dorado y rojo derramado sobre el negro de la sábana y el blanco divino su cuerpo.

Cuando naufragué en su isla la visión de su belleza me hizo creer que yo había muerto o que había perdido la cordura.
Ella me recogió y me hizo suyo, atraída por la fortaleza de mi cuerpo, común entre los hombres de mi oficio; por mi piel oscurecida por los mares y por los soles de los lugares en los que fui soldado. Por mis ojos y mi pelo oscuro, comunes entre la gente de mi patria.
Ella leyó una señal en todo lo que me hacía diferente, creyó que un espíritu muy poderoso estaba guardado bajo mi carne y entre mis huesos.

Los años pasaron, la piel de la inmortal princesa no sabía hacer de calendario. Yo era libre en su cuerpo, bañándome, como un niño, en las blandas mareas de las que tanto mar me había alejado.

Pero un día, cuando solitario me bañaba en el río, vi en el agua dibujada una imagen que hasta el momento no me había sido revelada.
Distraído entre tanta felicidad que no me pertenecía, había pasado sin detenerme ante el reflejo de mi cuerpo mortal.

Había piel que se agrietaba junto a mi boca, en mi frente, bajo mis parpados. Había carne reblandecida y músculos que se habían vuelto inútiles.
Dentro de unos años la vergüenza cubriría este cuerpo, mis músculos y mis huesos comenzarían a fallar y yo sería derrotado en la más mínima batalla.
La diosa seguiría incorruptible, esperando a que, una vez más, las olas trajeran hasta la playa a un joven extranjero. Sus manos buscarían su cuerpo, y este viejo perdido durmiendo a los pies de los amantes esperaría la muerte.

Entonces fue cuando pensé en un plan. Perfumé mis cabellos y bajé a la ciudad, hasta el templo dedicado a la diosa de cabellos de oro y cobre.
Entre las blancas columnas te aceché.
Tú la más bella de las sacerdotisas, rubia y blanca como nuestra diosa, ofreciste unas flores a la escultura del templo.
Cuando escuche tu oración en la que pedías compañía salí de entre los mármoles y dije que tu diosa me había mandado y que yo era su mensajero. Te llevé detrás de las columnas y allí, entre las flores marchitas, te tomé.

Dejé que me siguieras y tú lo hiciste, fue por eso que creí que tú me amabas.

A la semana de partir nos alcanzó el mensajero de la diosa, ofreció oro e indulto para que volviera. Al escuchar mi negativa con su espada rompió los mástiles, hizo trizas las velas y partió los remos.

Cuando se fue tú y yo quedamos solos, los esclavos y los tripulantes habían desaparecido, como si sólo hubieran sido imágenes de otro tiempo.
Aquel barco fue nuestra casa durante meses. Tú tratabas de alegrarlo, yo pensaba en las batallas y en la mirada de los dioses, mientras tu cuerpo me diezmaba.

Un día pasó un barco de mercaderes a nuestro lado y nos llevaron a mi isla en su barco.

Mi isla fue para ti la libertad, soldados como yo, más jóvenes y fuertes te siguieron al verte pasar y pronto te perdí.

Había un Dios toro al que adorar, un dios oscuro, fuerte y eternamente viril. Tú te quedaste en su templo, esperando tras las columnas a que los hombres trajeran un corazón joven y fuerte para que latiera en tu altar.

Volví al hogar, Penélope me esperaba, envejecida.

Inventé una larga historia para ella.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Nombre

Creí haber aprendido tu nombre en la palabra.
Pero tu nombre es largo como el siglo;
Poblado de espejos, de números,
De música y maleza.

De la semilla guardada en la tierra del lenguaje,
De la misma semilla del poema,
nació tu nombre.

Ahora sus raíces abrazan mis raíces
Y a la sombra de sus hojas duerme el día.

lunes, 16 de febrero de 2009

Diarios febrero 16

Desnuda
envuelta en un sueño
Eres la ménade posesa de Artemisa
Que predice mi ruina.

Y en mi contra
el castigo de tu diosa es infinito:
la lucidez que me hace presentir tu partida

Las esclavas preparan las pociones
Que tú apuras a beber
para ver más allá de mis ojos
Y de mi carne.

Espero un milagro que te traiga de vuelta
Y tu mano blanca oculta la luna.

Parábola del pescador

El pescador se acerco a mí, traía en su cuerpo el olor del mar, de la sal y la violencia.
Quiso saber adónde había llegado, no supe decirle. Tendió a mis pies su red y habló de su pasado, quiso decirme algo más pero recogió su red para irse. No fue fácil decirle que escuchara mi historia. Quiso saber el pescador cual era mi raza y mi patria, pero sólo escuchó mi historia. Me entregó su red y me dijo: ahora tú serás el pescador.

Pescador: si la tierra te hace daño, no la abandones. Da impulso a tu barca y sube, entra en el horizonte, pero regresa.
Se que la tierra te ha cansado y te ha dolido, pero es mejor así. No te olvides en el mar, no te enamores del mar por los presentes vivos y brillantes que descubres en tu red. No estas hecho para vivir en él y tu barca no es casa segura. El mar es demasiado grande para que tú lo puedas poseer. El mar tiene demasiados amantes bajo sus sabanas, no te podrá amar a ti.
Pescador vuelve a la tierra

Sobre el mar soy feliz, cuando toco su piel con mis dedos siento mi piel, si miro sus aguas, miro mi reflejo.
No quiero ser pez, no quiero ser parte del mar. Quisiera ser dueño del mar u otro mar.

Cuando llego a la playa pescador: -dicen muchos- muéstranos que pez te ha dado el mar, que pez le has robado, que formas y colores, que vidas te pertenecen. Entonces les muestro mi risa y mis carnes huecas y mi piel tostada. No he inventado las palabras para decirles lo que es el mar, como decirles como son los peces y como luchan en las manos, de cómo sus bocas piden sin descanso el beso del agua. Mi red esta vacía, pero no estoy triste. Han dejado un brillo en ella.

Sobre la orilla veo muchas veces gente rodeando el cuerpo de alguno o esperando que el mar les traiga un cuerpo. Paso junto a ellos y voy hacia mi barca y siento que me odian. Se que piensan que el muerto debería ser yo, me llevo su tristeza.
Recuerdo que yo no merezco la bondad del mar, no merezco estar tranquilo sobre él y me da miedo que él mar me abandone a mi suerte o a su oscura voluntad.
Mar en ti no confió pero que pronto me abates el miedo cuando sobre mis pies siento tus aguas, cuando subo a tu cuerpo en una barca, cuando sube tu olor. Tus olas salpican y golpean el bajel, me adviertes, pero no quiero entenderte y espero que, también hoy, la suerte me oculte tu rostro verdadero.

domingo, 8 de febrero de 2009

la trampa

Indefenso me proscribo entre las líneas escritas,
Las trazo y trato de atrapar pájaros, pero ni una pluma me he ganado:
Una araña muerta, una hoja seca, un grillo aterrado, un nuevo año.

Sigo esperando la hora en que una caricia rompa la trampa.

Me han creído muerto.
Los cuervos llegaron y enterraron sus cuchillos;
dejando desnudos mis huesos:
papel en blanco en el que escribo,
Papel en blanco que aprovecho con la última luz que contengo.

he Olvidado respirar, ya no hay nada que anule el tambor de la sístole y la diástole.

Escribo hasta en el último pedazo de mis huesos.
Luego olvido qué escribí,
Y me dedico a contemplar en el nacimiento de un minuto
y cómo su tórax se atasca en mi esperanza.

Sólo de hambre, de sed y de ausencia esta hecho el hombre.
Que otra cosa puedo escribir sino de lo que estoy hecho, me digo,
afilo mi navaja
y te escribo:
“Sobre todo, además de todo, quiero que no me olvides”
"Una vez caminé por tus calles.
Andaba buscando algo viejo: una hoja seca, una semilla, un grillo.
De repente: tú.
Se rompieron las redes, mi rostro cayó y se quebró en el suelo,
Tan solo fui el eco de un silencio".

Monica

La poesía rueda por los cristales de las ciudades de humo.
Va y viene hacia tu leche y a mí regresa.
Lame los huesos humanos del tiempo

Vampiros

Cuando muchos personas de Santuario comenzaron a desaparecer nos imaginamos que los vampiros se estaban apoderando de nuestro pueblo.
A algunos de mis antiguos amigos se les veía ahora con la mirada nublada, como si el demonio se hubiera apoderado de sus almas o se las hubiera arrancado, y en su lugar hubiera dejado un muñón podrido que se asomaba por los ojos.
Ya no permitían que se les mirara, y gruñían cuando tratábamos de hablarles, y los que aún no eran hombres se portaban como si de repente hubieran envejecido y nos les importara ya los juegos de los niños.

-Son vampiros- pensábamos mis amigos y yo, y evitábamos la prescencia de ellos pues teníamos temor de ser contagiados.
Le teníamos mucho miedo a los vampiros.

Fue mucho más terrible lo que realmente sucedió

lunes, 2 de febrero de 2009

desde que te fuiste

La casa está llena de ruidos, unos quejumbrosos, otros parecidos al silencio, todos me torturan. Él no hace sino reclamar los espacios, extenderse por toda la casa hablando con una autoridad que difícilmente llegué a aceptar en ti. Busca espacio, cada cuarto de la casa es su espacio, sus libros están regados por todos lados, sus vasos, sus lápices. No me atrevo a moverlos, sé que se seguirá extendiendo, sé que seguirá llenando la casa con sus cosas, pero cualquier reproche mío sería una invitación a acelerar el proceso que él cree tan natural como esperado.

Mi casa es sepulcral, mi vida es pobre. Ayer contaba junto a él unas propinas que dejaron unos marineros en el bar donde trabajo. Recuerdo que uno me tomó de la mano y me dijo que me fuera con ellos, que dejara una vida que no se parecía a mí y me fuera con ellos, que un cuerpo joven siempre será amado si se es marinero.
No pienso dejar la casa, mi corazón no sucumbe ante esos cuerpos acabados, ante esas miradas turbias por haber visto el mar a medianoche. Mi corazón no se movió de su sitio al escuchar las palabras del marinero, pero mi cuerpo tembló, ten piedad de mí me decía, envejeceré y terminaré en la tierra, quiero ver el mar, quiero ver otros cuerpos desnudos.

Nada de eso lo sabe él, tranquilo sigue regando sus cosas por la casa, hablando de política y literatura de una manera tan insoportable que tengo que concentrarme en uno de esos ruidos malevos, torturantes, algún residuo del tono de su voz, extravagancias que rondan sin encontrar destino, únicas cosas soportables que pueden salir de sus cuerdas.

Dice que me ama, que no le importaría si mañana lo dejara por otro, que hace las cosas por mí y luego cita a alguno de esos autores que nosotros conocíamos tan bien y que me recuerdan el tiempo en el que tú y yo éramos felices. O no, no felices, el tiempo en que éramos simplemente, en que yo tenía un cuerpo, en el que no envidiaba el destino del hombre que cruza el mar y no tiene ningún lugar que lo retenga.
Me retienen los lugares que habitamos, me retiene esa luz junto diván o esa banca en el parque donde siempre te sentabas. Me retiene la casa, esa misma casa que él se a empeñado en poblar con sus cosas, sus libros, su ropa, con los periódicos donde aparece algo relacionado con su nombre, con los ceniceros llenos de colillas de cigarrillos Larry, ceniceros que tú una vez llenaste con colillas de cigarrillos Frank.

Ayer fui al cinema a ver una película, una película horrenda que sé que te gustaría. Me quedé mirando la pantalla blanca después de que había terminado. Pensé que prefería quedarme allí entre sillas rotas, entre montones de basura y crispetas regadas en el suelo, entre bebidas que nadie querrá terminar; me gustaría quedarme allí y no tener que volver a la casa viendo como él, cada vez con más miedo y con más impertinencia se va apropiando de todo, con su sonrisa falsa, con sus estúpidos intentos de hacerme feliz.
Hoy por primera vez me fijé en sus ojos, parecían los de un condenado a muerte esperando por última vez el indulto.

jueves, 1 de enero de 2009

Diarios Enero1

No recordaremos nuestros rostros
Ni las noches en vela,
Ni el dolor, ni el castigo,
Ni los días que buscamos
una caricia
Que le Robara a nuestra vida su fuego.

No recordaremos nuestros rostros
Nuestras manos apretaron el recuerdo hasta dañarlo.

No recordaremos los sueños que llevamos adentro
Y que Fueron los mismos sueños que nos hundieron.

Afuera las mismas redes nos alejan de las mismas cosas.
Que inútil es querer tocar un cuerpo
en nuestro viaje de espectros.

Somos botellas vacías en los bares.

letra para una canción

Absurdo

Y tras las puertas
que has cerrado para mí
se esconde el día que vendrá una vez más

Bajo la alfombra de piel
venas sedientas esperan
ese milagro que traerá tu unico Dios

Era el amor, suficiente para un sueño
dulce regalo que vendría con la vida
una visión, todo era lúcido entonces.
me hice hermano de tu única misión.

Y este dolor, es una rabia, es una herida, es un temor
que sabe dónde estoy yo, que habla conmigo
y esta prisión
es una mancha, es una sangre, es un rumor,
nunca te pude ver bien, nunca tu fuiste un amigo

corazón absurdo, todavía hay más de dónde vino este dolor.

Letra para una canción

Días del 2005

La vida que teníamos para vivir
ya la vivimos
sólo queda esperar, sólo queda sentarse a mirar
este olvido

La vida que teníamos para vivir
nos llego tarde
las semanas sin ver, las semanas que viví de esperar
sin hablarte

y se fue la vida
tras un rayo de sol, era un rayo de sol
nos dejó en un día
sin querer ocultarnos la verdad

en las calles, los libros, en los niños que van a la escuela
días del 2005, no nos esperan, no nos esperan

Brindemos por los que vienen atras
la nueva gente
los que van sin perder, los que viven su vida mejor
los que entienden

En las calles, los libros, en los niños que van a la escuela
días del 2005, no nos esperan, no nos esperan

Lula

Lula y yo éramos de esa clase molesta de lectores que se jactan de haber leído todos los libros del mundo, o lo que era igual para los profesores mediocres de nuestro colegio, haberlos oído mencionar y fingir haberlos leído.
Levantábamos la mano para corregir a los profesores que no sabían nada, y eso no era porque fuéramos jactanciosos, si no que pensábamos que para que alguien hiciera el papel de profesor de literatura se tenía que esforzar para hacernos creer que sabía más que los libros de texto que seguían.
Confieso que también en ocasiones lo hacíamos de puro aburrimiento o porque le teníamos rencor a algún maestro.

Lula había leído más que yo, pero era imposible que Lula leyera algo en aquellos días, tan metida en las drogas que estaba que apenas sacaba la cabeza para desayunar o para no dejarse tocar por mí.

Comenzaba temprano y en orden ascendente con los vicios. Comenzaba a fumarse mis cigarrillos y llegaba a tomarse las gotas de mi abuela. Nunca se intoxicaba, nunca perdía la conciencia, parecía que su cuerpo y su mente eran motores alimentados por las capsulas, los humos y los polvos.
Lula no funcionaba, no podía hablar, estudiar o comer si no había una mezcla de cosas produciendo peligrosas reacciones adentro de sus venas.

Yo pasaba las horas con ella dejándole muy en claro mis intenciones. Llevaba revistas pornográficas y se las mostraba, y ella en lugar de espantarse o decirme cochino como las otras chicas, se quedaba mirándolas con atención como si se tratara de un libro de ciencia o un ejercicio matemático que debía comprender para un examen.
Miraba las páginas una por una, como si cada posición y cada mirada de los modelos revelaran un secreto del universo. Un día me dijo que pensaba que, tal vez, todo aquello fuera un mensaje cifrado y que cada posición correspondiera a una letra del alfabeto. Pero en el fondo no le interesaba lo que pudiera decirnos alguien que se comunica con los lectores de una revista pornográfica y por eso nunca se esforzaría en develar el código.
Pero había una imagen en especial a la que se quedaba mirando por más tiempo y con más atención. En ella un hombre musculoso sentado sobre la cama penetraba a una mujer de cuerpo perfecto que estaba sentada de espaldas sobre las piernas del hombre. Mientras tanto, y como si no fuera suficiente el gigantesco miembro del hombre entre su cuerpo, ella le hacia un gesto sugestivo con su lengua al camarógrafo o a quien mirara la foto, invitándole a integrarse a la orgía.

Una tarde mientras veíamos una película sobre Stalin me pidió prestada la revista y me dijo señalándome la foto y como si fuera un comandante que le da una orden a un subalterno: camarada el día de tu cumpleaños quiero que me hagas esto.
Faltaban tres meses para mi cumpleaños y en ese tiempo no hice mas que sufrir y fantasear con el cuerpo de Lulita, hasta el momento mi mas largo contacto con el cuerpo de una mujer había sido tocarle los senos a mi hermana mientras ésta dormía o hacía que dormía, nunca lo supe… y claro está, con las mujeres de las revistas, pero era otra clase de contacto, más mágico, podría decir.

Sufrí intensamente esos tres meses y hacia todo lo posible para acortar el plazo, a lo que Lula respondía con una palmadita en la mano que le tocaba un seno o que acariciaba su pubis por encima del pantalón.
La tocaba cada vez que ella se descuidaba, trataba de besarla cuando bailábamos una canción de Pearl Jam que en ese entonces sonaba mucho en la radio y que nos gustaba mucho. También cuando poníamos el casete en el que habíamos grabado el Unplugged de Nirvana

Cuando ella estaba sobre mi cama dormida a mi lado estiraba mi mano sobre su pecho y ella de un tirón, como si quisiera arrancármela se la quitaba de encima.
Un día con este propósito le conseguí heroína. Yo mismo la calenté y se la metí en el brazo cerca de una mordida de perro que ella tenía junto a la venita.
Le pregunté que si quería que le inyectara más y me dijo que sí, y luego sin preguntarle iba calentando y inyectando hasta que se acabó lo que había en la bolsita. Después me enteré de que una persona normal se hubiera podido morir de esta manera. Pero lula no era una persona normal, y eso sí yo lo sabía desde hace mucho tiempo.
Creo que si las drogas vinieran con un manual de cómo usarlas Lula nunca lo hubiera seguido. El caso es que aquel día comencé a tocarla, muy lento al principio, muy solapadamente, apenas la rosaba .Mientras ella continuaba tendida e inmóvil mirando las estrellas fosforescentes del techo de mi cuarto, yo comencé a hacerme constante en las caricias hasta haberme apoderado totalmente de uno de sus senos. Mire su rostro y ella había cerrado los ojos. Estuve un rato así, acariciándola hasta que decidí llevar mi mano libre hasta abajo, por dentro de su pantalón y de sus bragas. Palpe el pubis, sentí como me herían los dedos sus vellos rasurados, con un poco de dificulta logré alcanzar el comienzo de los labios, el jardín donde el sendero se bifurca, el jardín infinitamente suave. Entonces ella despertó del letargo y me retiro la mano que estaba dentro de su pantalón y me dijo con una voz perdida
-Espere hasta octubre, no joda.
Y se quedo dormida con el seño fruncido y con mi mano izquierda todavía apoderada de uno de sus pechos. En aquel momento decidí no volver a tocar y esperar hasta mi cumpleaños

El día al que me referí fue en septiembre, al que me refiero ahora fue en octubre, dos semanas antes de mi cumpleaños. Aquel día no teníamos ni un solo peso y lo peor para Lula no teníamos ni un cigarrillo ni una ruedita.
Ese día llamamos a todos los amigos que todavía nos hablaban a preguntarles si tenían algo: nadie tenía o nadie quería ofrecernos nada porque sabían que Lulita se lo acabaría todo, hasta la última ramita si le ofrecían hierba. Si era coca cogía los papeles y se quedaba un rato estrujándolos hasta sacarles el ultimo residuo de polvo y luego se lamía la bolsa para dejarla totalmente esterilizada.
Ese día nadie nos dio nada, aunque en realidad desde hacia unos meses que nadie nos daba nada o sólo me ofrecían a mí con la advertencia de que Lula no se diera cuenta.
Lula sintió una tristeza enorme y se sentó en el suelo a llorar, daban ganas de llorar con ella. Luego me pidió que le diera aspirinas pues tenia un dolor de cabeza fortísimo. Se las entregué saco dos, las miró con asco y se las tragó pasándolas con agua. Al rato sus ojos se pusieron blancos y cayó al suelo. Creo que en el momento que me acerque a ayudarla ya estada muerta o al menos eso pienso para no sentirme culpable por no haberla llevado a ningún hospital.

Le dije: ya estas muerta, Sobredosis de aspirina, quién lo iba a pensar de vos Lulita. Como te voy a extrañar cuando no tenga nada que hacer o no quiera hacer nada.
Después pensé que había que aprovechar mientras todavía estuviera tibia. Lo más difícil fue quitarle los pantalones, todo sucedió después como lo había soñado.